Testimonios

Rocío / 11 Feb 2019

A dos meses de que mi epilepsia cumpla su primer año de vida, yo ya la he aceptado como parte de la mía.
Sucedió cuando menos lo esperaba. Así me encontré una tarde de abril en mi centro de trabajo, como una espectadora aletargada que escucha cómo extrañamente quienes le rodean le narran qué acaba de sucederle. De nuevo otro “fuera de juego” y despertar en el hospital.

Así debutó, cuando menos lo esperaba. Porque nadie joven y entusiasta, que por fin ha tenido la oportunidad de acceder al mercado laboral para ejercer de aquello que es su pasión se imagina que, tras tan arduo camino y lucha, cuando estaba empezando a despegar iba a tener que tocar tierra tan pronto –y abruptamente-.

Tras el diagnóstico llegarán las verdaderas convulsiones, porque como dice el dicho: “Lo que no se nombra no existe”. Así pues, durante las semanas de estudios neurológicos varios una se empeña en irle buscando otras explicaciones, más a su gusto y que estén lo más lejos posible del tener que utilizar el término epiléptica como adjetivo autodefinitorio.

Porque la epilepsia ha condicionado, y condiciona, múltiples aspectos de mi vida. Debido a ella ahora poseo capacidades diferentes.
Esta enfermedad me ha afectado en mi tolerancia a la frustración. Ante la primera dificultad, la pérdida de mi empleo, tuve que dejar de victimizarme y sacar a relucir las competencias más destacadas de nosotras/os las/os “millennials”. Bendita adaptabilidad, esfuerzo y polivalencia.

Aunque he de reconocer que también me incapacita. Como trabajadora social, si ya antes practicaba la empatía, ahora he de decir que me cuesta tolerar aún más la falta de sensibilidad y asertividad, no sé qué pasará ahora con mi vocación de servicio, acercándome a las personas sabiendo de primera mano por lo que ellas pueden estar pasando.

Aceptar esta nueva condición médica resultó –innecesariamente- difícil. La des(mal)información, los estereotipos y prejuicios manidos que esta enfermedad lleva aparejados me abocó a pensar que dicha condición me condicionaría. Cuando paradójicamente sucede a la inversa.
Pues es ahora, cuando la epilepsia controla mi vida, cuando llevo una vida normal.

Ahora te toca a tí

Rocío ha sido valiente y ha dado la cara publicando su testimonio. Ayúdanos a normalizar la epilepsia participando en esta iniciativa. Puedes colaborar de tres maneras, bueno, cuatro si quisieras hacer una donación a la Federación Española de Epilepsia .
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